martes, 16 de noviembre de 2010

El arcoiris y el camaleón


Comienza así nuestra historia...
Un camaleón orgulloso, que se burlaba de los demás por no cambiar de color como él, se pasaba el día diciendo: ¡Que bello que soy! ¡No hay ningún animal que vista tan señorial!
Todos admiraban sus colores, pero no su mal humor y su vanidad. Un día, paseaba por el campo cuando de repente, comenzó a llover. La lluvia dió paso al sol, y éste a su vez, al arcoiris. El camaleón alzó la vista y se quedó sorprendido al verlo, pero envidioso, dijo: ¡No es tan bello como yo!
¿No sabes admirar la belleza del arcoiris?: dijo un pequeño pajarillo que estaba en la rama de un árbol cercano. Si no sabes valorarlo, es difícil que conozcas las verdades que te enseña la naturaleza. Si quieres, yo puedo ayudarte a conocer algunas.
¡Está bien!: dijo el camaleón.
Los colores del arcoiris te enseñan a vivir, te muestran los sentimientos.
El camaleón le contestó: ¡Mis colores sirven para camuflarme del peligro, no necesito sentimientos para sobrevivir!
El pajarillo le dijo: ¡Si no tratas de descubrirlos, nunca sabrás lo que puedes sentir a través de ellos! Además, puedes compartirlos con los demás como lo hace el arcoiris con su belleza.
El pajarillo y el camaleón se tumbaron en el prado, y los colores del arcoiris se posaron sobre los dos, haciéndoles cosquillas en sus cuerpecitos.

El primero en acercarse fue el color rojo, que subió por sus pies y de repente estaban rodeados de manzanos, de rosas rojas y anocheceres. El color rojo desapareció y en su lugar llegó el amarillo revoloteando por encima de sus cabezas; estaban sonrientes, alegres, bailaban y olían el aroma de los claveles y las orquídeas. El amarillo dió paso al verde, que se metió dentro de sus pensamientos; el camaleón empezó a pensar en su futuro, sus ilusiones, sus sueños y recordaba los amigos perdidos. Al verde le siguió el azul oscuro, con el que el camaleón sintió dentro la profundidad del mar, peces, delfines y corales le rodeaban; daban vueltas y vueltas y los pececillos jugaban con ellos. Salieron a la superficie y contemplaron las estrellas: había un baile en el cielo y las estrellas se habían puesto sus mejores galas. ¡El camaleón estaba entusiasmado! La fiesta termínó y apareció el color azul claro, con el que comenzaron a sentir una agradable sensación de paz y bienestar, flotaban entre nubes y miraban el cielo. Una nube dejó caer sus gotas de lluvia y se mojaron, pero estaban contentos de sentir el frescor del agua. Se miraron y sonrieron, ya que el color naranja se había colocado justo delante de ellos. Por primera vez, el camaleón sentía que compartía algo y comprendió la amistad que le ofrecía el pajarillo, con lo que todo se iluminó de color naranja. Aparecieron árboles frutales y una gran alfombra de flores. Cuando estaban más relajados, apareció el color añil, y de los ojos del camaleón cayeron unas lagrimitas; estaba arrepentido de haber sido tan orgulloso y de no valorar aquello que realmente era hermoso. Pidió perdón al pajarillo y a los demás animales, y desde aquél día se volvió más humilde.

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